5 de noviembre de 2023

TENEMOS UNA MISIÓN 3 : ABRAHÁN


Dios pidió a Abrahán salir de su tierra para ser padre de un gran pueblo.



                                                                             Sacrificio de Isaac 1588 de Palo Veronés 
                                                                                  Museo del Prado (Madrid) España


Dios tenía planes de hacer una gran nación, una nación que le sirviera y fuera una bendición para el resto de las naciones. Esta es la historia de Abraham, el amigo de Dios.

Abraham era un hombre que  carecía de las cosas que su corazón anhelaba y que eran importantes en aquellos tiempos: una tierra propia y descendencia. En aquel tiempo  era a través de la descendencia donde se perpetuaba el nombre de un hombre y era recordado “para siempre”. De esta forma, Abraham, pese a tener muchos bienes carecía de una cosa fundamental: el sentido de su vida. En esta situación de desesperanza es cuando Dios toma la iniciativa y busca a Abraham, haciéndose el encontradizo con él: Luego lo sacó afuera y le dijo: «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas». Y añadió: «Así será tu descendencia». Abrán creyó al Señor y se le contó como justicia (Génesis 15, 5-6). Y así actúa Dios con nosotros: sale siempre a nuestro encuentro y le da sentido a nuestra vida. Un sentido que nada ni nadie más le ha podido dar hasta el momento.

La promesa hecha por Dios a Abraham es gratuita, unilateral y enfocada a días futuros. Por eso, a continuación viene un tiempo de espera. Un tiempo en el que es fácil dudar, como dudamos nosotros muchas veces del amor de Dios. Abraham, todo lo contrario, ante la promesa divina no cedió a la incredulidad, sino que se fortaleció en la fe, dando gloria a Dios, pues estaba persuadido de que Dios es capaz de hacer lo que promete (Romanos 4, 20-21). Y finalmente, después de mucho tiempo y un largo camino, Dios cumplió su promesa y nació Isaac. Así pues, Dios actuó en la historia concreta de Abraham cumpliendo sus promesas. Y lo mismo hace con nosotros.

Dios es el primero

Un buen día Dios se presenta ante Abraham de nuevo y le dice que sacrifique a su hijo: el hijo que Él le había dado y que era lo que Abraham anhelaba. Cualquier persona se habría negado a sacrificarlo, perdiendo no solo un hijo querido, sino también el sentido de su propia existencia. Sin embargo, Abraham se fió de Dios y obedeció sin dudar: puso a Dios el primero e hizo su voluntad, eligiendo así el camino de la Vida. Abraham había visto como Dios le había dado un hijo, algo imposible para él, y esta experiencia de vida fortaleció su Fe eliminando toda duda. Abraham sabía que Dios había sido y seguía siendo bueno con él, y que era muy poderoso pues había hecho lo imposible para él. Esta es la importancia de tener en nuestra propia vida una experiencia de Dios: hace a la Fe adulta.

Así pues, cuando Abraham va a sacrificar a Isaac, un Ángel detiene su brazo, porque Dios no quiere el mal de nadie. Se trata simplemente de una prueba de libertad como la que tuvieron Adán y Eva. Una prueba que presuponía la libertad en Abraham de elegir o no a Dios. Una prueba de amor. Por eso, hecha la elección, el ángel le ordenó: «No alargues la mano contra el muchacho ni le hagas nada. Ahora he comprobado que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, a tu único hijo» (Génesis 22, 12). Abraham es el padre de la Fe porque se fió hasta el extremo y, por supuesto, Dios no lo abandonó. De esta forma se convirtió en una figura importantísima para todos nosotros. Una figura que nos invita a poner nuestra confianza en Dios.



Historia del padre de la fe, Abraham y su familia.


 

00:00 Dios escoge a Abram (Génesis 12 al 17)

02:50 La ciudad de SODOMA y GOMORRA (Génesis 18 y 19)

06:34 El hijo de Abraham, Isaac (Génesis 21 al 22)

10:34 Una esposa para Isaac (Génesis 24)






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