Potenciar la competencia para la conciencia y expresiones culturales mediante el conocimiento y comprensión de obras de arte. Profundizar en la diversas actitudes que se tiene frente al hecho de ser limitados y pecadores.
Desarrollo de las competencias de sentido de iniciativa y espíritu emprendedor y las competencias sociales y cívicas. Profundizar en el conocimiento del tiempo litúrgico de la Cuaresma.
TRABAJO CON LAS EMOCIONES
Conciencia y expresión emocional El autoconocimiento sincero, es fundamental para madurar y crecer como personas. Cuando dirigimos nuestra mirada hacia nuestro interior podemos descubrir cosas que nos gustan y de las que nos sentimos orgullosos y aspectos que no nos gustan, e incluso nos avergonzamos de ellos. Lo importante es saber gestionar estas cualidades. Los aspectos positivos deberían servir para ponerlos al servicio del bien común. Mientras que los aspectos negativos nos deberían marcar un camino de superación.
Aunque
la historia de Lucía tiene un final feliz, narra el drama interno que
vive la niña, el proceso de reflexión y la gran fuerza de voluntad que
demuestra para atenuar su angustia.
Conviene
reflexionar con los alumnos sobre el proceso de introspección que hace
Lucía: se siente mal, reflexiona sobre las consecuencias de su mala
acción y se siente responsable.
Esta capacidad de mirar hacia dentro y dialogar con la propia conciencia es lo que mueve a Lucía a reparar
el daño, pagando lo que ha sustraído. Nuestros errores no solo nos afectan a nosotros, sino también a los demás.
Cuando cometemos errores, perdemos la confianza en nosotros, y los demás dejan de con!ar en nosotros.
Hacer
comprender a los alumnos que perdonar no es un acto de debilidad y que
el que perdona no es el ingenuo de turno que todo lo soporta. El acto
del perdón es muy necesario para una buena convivencia. Sin el perdón,
se haría muy difícil vivir con los demás, y las relaciones llegarían a
tal grado de desconfianza entre unos y otros, que no podríamos convivir
en sociedad. Reflexionar con los alumnos sobre las circunstancias que
rodean el acto del perdón.
Quien
perdona debe estar convencido de la buena intención del que pide
perdón, de que muestra arrepentimiento y que necesita reconciliarse con
él; solo desde el amor, puede nacer el perdón.
Al
perdonar, estamos asegurando una convivencia pací!ca con los que nos
rodean; el perdón nos devuelve la confianza en el otro y hace
desaparecer el deseo de venganza.
El
rencor y la desconfianza son el origen de muchos conflictos actuales
entre personas de un mismo pueblo, así como el desencadenante de muchas
guerras.
Jesús
nos muestra el camino del perdón y nos anima a amar de manera
incondicional, incluso a nuestros enemigos, como hizo Titus Brandsma.
La parábola del hijo pródigo es un buen ejemplo para mostrar a los
alumnos el proceso de arrepentimiento. La parábola presenta la imagen de
un hijo egoísta, gastador, extremadamente dadivoso, manirroto y poco
responsable con sus bienes, que acaba en la absoluta miseria. Pero
también presenta a un hijo capaz de reflexionar sobre sus actos y sobre
el sentido de su vida, y que siente la necesidad de arrepentirse. El
hijo es consciente de su comportamiento irresponsable, pero no tira la
toalla y se abandona, sino que toma la decisión de volver a casa de su
padre y pedirle perdón para encauzar, en la medida de lo posible, los
errores que ha cometido. Para arrepentirnos de algo, es preciso hacer un
ejercicio de introspección que nos permita reconocer en qué nos hemos
equivocado para poder encontrar una vía de solución. En el caso del hijo
pródigo, él reconoce que su error es irreparable y no pide volver a su
situación anterior, sino solo ser acogido de nuevo en el hogar. Dios es
como un padre que siempre perdona y nos acoge como hijos. El padre de la
parábola representa la imagen de Dios misericordioso que quiso
transmitir Jesús.
Convivir en
armonía con los demás es una tarea complicada.
Día a día surgen
conflictos inevitables con las personas que nos quieren, unas situaciones que
nos hacen sentir mal con nosotros mismos y también con los demás.
Jesús nos
ofrece un modelo de perdón que significa poder empezar siempre de nuevo, como
si nada hubiera sucedido, sin hacernos reproches.
A lo largo de
esta unidad, aprenderemos el significado de perdonar y los sentimientos que
genera el hecho de pedir perdón y de ser perdonado.
La
expresión “un gesto vale más que mil palabras” es muy adecuada para
interpretar el comportamiento de la madre y del hijo que aparecen en la
ilustración. Pedir a los alumnos que observen con atención las caras de
los personajes y sus gestos. La gesticulación de la madre, la cercanía
que muestra cogiendo a su hijo por el hombro y su mirada denotan
comprensión, misericordia, paciencia... Por otra parte, la expresión del
niño indica sorpresa, tristeza porque sabe que no está bien lo que ha
hecho... Pero también es importante fijarse en la actitud de
arrepentimiento del niño, que se da cuenta de la situación que ha
provocado y trata
de resolverla en la medida de lo posible; con un
recogedor y una escoba, se dispone a limpiar los restos de la maceta
rota. Conviene que los alumnos aprenden a pedir disculpas y perdón por
los errores cometidos, pero también tienen que asimilar la necesidad
interna de reparar o compensar el daño causado: aceptar la
responsabilidad que tienen en ello y aprender de las consecuencias del
error. Dialogar con los alumnos sobre lo que ha podido aprender el niño
de la imagen después de haber roto la maceta sin querer.
El
valor del Reino es supremo; todo lo demás carece de valor ante él, pero
se encuentra de improviso y hay que estar preparado y dispuesto a todo
para conseguirlo.
"El
Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo que,
al encontrarlo un hombre, lo oculta y, gozoso del hallazgo, va y vende
todo cuanto tiene y compra aquel campo"(Mt)
Toda
renuncia es un buen negocio ante un hallazgo que llena el alma de gozo y
alegría. El agricultor no buscaba el tesoro, pero al encontrarlo pone
todos los medios para tenerlo.
PASAJE BÍBLICO: Mateo 13:31-33
VERSÍCULOS 31-32: LA PARÁBOLA DEL GRANO DE MOSTAZA
El
grano de mostaza es pequeñísimo pero no es, de hecho, el grano más
pequeño – su tamaño pequeño es proverbial. Librerías bíblicas a veces
ofrecen collares con un grano de mostaza dentro de una medalla
transparente como recuerdo de la promesa de Jesús del grano de mostaza,
así, es fácil ver exactamente lo pequeña que es.
Esta parábola ofrece esperanza, y promete grandes resultados de pequeños comienzos.
Jesús
intentaba alentar a los primeros discípulos, que se confrontaban con
desventajas espantosas, y esta parábola continúa alentando a discípulos
hoy. La mayoría de la obra de la iglesia ocurre en circunstancias poco
auspiciosas. Nuestra misión parece demasiado grande, y nuestros
recursos son pocos. Pero, Jesús promete que el poder de Dios hace todo
posible.
Es
cierto, los comienzos fueron pequeños. Ya para los tiempos de Mateo,
los discípulos habían encontrado seria oposición. No parecía que el
pequeño movimiento de los seguidores de Cristo tendría una oportunidad
contra las fuerzas preparadas contra él – pero ¡cuidado! Dios utiliza lo
que parece necio para avergonzar a lo que parece sabio. Dios utiliza
lo que parece débil para avergonzar a lo que parece fuerte (1 Cor.
1:27).
El
arbusto que crece de la pequeña semilla es grande en comparación con su
comienzo, pero Jesús, ciertamente, tiene la lengua firmemente plantada
en su mejilla para llamarla árbol. El arbusto de mostaza típicamente
crece a unos 8 a 10 o hasta 12 pies – esto apenas se puede comparar con
los grandes robles del Líbano, con los que Israel prefiere
identificarse. ¿Por qué no ha de comparar Jesús el reino de los cielos a
un gran árbol en vez de un arbusto? Si está comparando un pequeño
grano, ¿por qué no escoger un árbol verdaderamente magnífico?
Quizá
la mejor respuesta se encuentra en la iglesia que se ha desarrollado a
través de los siglos. La iglesia es, verdaderamente, muy diferente a la
de sus comienzos, extendiéndose hasta cada nación en la superficie del
planeta. Tiene grandes catedrales y a veces ejerce gran poder pero, por
la mayor parte, la iglesia se manifiesta en maneras más modestas – más
como un arbusto de mostaza que un cedro encumbrado. Quizá la lección
del arbusto de mostaza es que cristianos deben vivir esperando, sabiendo
que Dios crea grandezas de pequeños comienzos – que no debemos esperar
que el reino sea grande como el mundo piensa de grandeza. “Un rey que
opera con docilidad (11:25-30) y monta un burro en vez de un caballo de
guerra (21:1-9) puede ser representado por un reino simbolizado por un
jardín de especies en vez de un árbol gigante” (Boring, 309). Esta
parábola “discute nuestro culto a la grandeza” (Buttrick, 416).
“Las
imágenes de los pájaros haciendo sus nidos en las ramas de esta planta
parecida a un árbol es simbolismo escatológico del Antiguo Testamento,
en el que todas las naciones descansan en las ramas de un árbol, el
reino de Dios (Dan. 4:12; Ezek. 17:23)” (Hultgren, 80).
VERSÍCULO 33: LA PARÁBOLA DE LA LEVADURA
Como
la semilla de mostaza, la levadura es pequeña en relación a la harina
que leuda. Como la semilla de mostaza, la levadura contiene gran
potencial en sus pequeñas proporciones. La NRSV usa la palabra
“levadura,” pero gente de esa época y lugar raras veces tenían el
privilegio de tener levadura pura. En vez, guardaban una bola de masa
leudada de la última tanda para leudar la próxima tanda.
Tres
medidas de harina son suficientes para hornear pan para 100 a 150
personas. Hasta una cantidad pequeñísima de levadura tiene el poder de
afectar una gran cantidad de harina. Así es también con el reino de los
cielos. Nosotros que vivimos bajo el mandato de Dios parecemos poco
importantes – pero ¡cuidado! ¡Con el poder de Cristo hacemos una gran
diferencia! “Una palabra aquí, un vaso de agua fría allí, una posición
firme en un asunto de conciencia – dejad que hagan su propio trabajo sin
forzar, sin empujar. Dejad caer la piedra en el agua; las olas
seguirán hasta perderse de vista” (Craddock, 382).
Esta
parábola nos alienta, no a recluirnos, sino a participar en el mundo.
Levadura solo funciona cuando se mezcla con grandes cantidades de masa
cruda. De otra manera, no sirve para nada. Así es con aquéllos que
servían a Jesús. Jesús nos pide ir por todo el mundo, haciendo
discípulos, bautizando, y enseñando (28:19-20).
En
esta parábola, Jesús se refiere a levadura de manera positiva. Gente
judía a menudo usaba levadura como metáfora para el mal o la impureza
(Mateo 16:6; 1 Cor. 5:6-8), y se requería eliminar toda levadura de los
hogares en preparación de la Pascua. Quizá, Jesús propone usar esta
referencia positiva de la levadura para sorprender a la gente con la
intención de que escuchen.
El señor Scrooge es un hombre avaro, tacaño y solitario, que no celebra la Navidad, y solo piensa en ganar dinero. Una víspera de Navidad, Scrooge recibe la visita del fantasma de su antiguo socio, muerto años atrás. Este le cuenta que, por haber sido avaro en vida, toda su maldad se ha convertido en una larga y pesada cadena que debe arrastrar por toda la eternidad. Le anuncia que a él le espera un destino aún peor, y le avisa de que tendrá una última oportunidad de cambiar cuando reciba la visita de los tres espíritus de la Navidad. Scrooge no se asusta y desafía la predicción. Esa noche aparecen los tres espíritus navideños: el del Pasado, que le hace recordar a Scrooge su vida infantil y juvenil llena de melancolía y añoranza antes de su adicción por el trabajo y su desmedido afán de dinero. El del Presente hace ver al avaro la actual situación de la familia de su empleado Bob, que a pesar de su pobreza y de la enfermedad de su hijo Tim, celebra la navidad. También le muestra cómo todas las personas celebran la Navidad; incluso su propio sobrino, Fred, quien lo hace de una manera irónica pero alegre, ya que nadie quiere la presencia del avaro. Antes de desaparecer a medianoche, el espíritu muestra a un par de niños de origen trágicamente humano: la Ignorancia y la Necesidad. El terrible y sombrío Espíritu del Futuro le muestra el destino de los avaros. Su casa saqueada por los pobres, el recuerdo gris de sus amigos de la Bolsa de Valores, la muerte del pequeño Tim y lo más espantoso: su propia tumba, ante la cual Scrooge se horroriza de tal forma que suplica una nueva oportunidad para cambiar. Entonces, el avaro despierta de su pesadilla y se convierte en un hombre generoso y amable, que celebra la Navidad y ayuda a quienes le rodean.